El rencor

EL RENCOR

El rencor es como tomarse un veneno, y pretender que la otra persona (la odiada) sufra algún daño.

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios os perdonó también a vosotros en Cristo”. Efesios 4:32

Con el rencor todos pierden

El rencor es como tomarse un veneno, y pretender que la otra persona (la odiada) sufra algún daño. El rencor es consecuencia de las injusticias relacionales cometidas contra nuestros hermanos o familiares. Cuando se comenten injusticias relacionales, la lealtad entre los miembros de la iglesia o familia se debilita. El rencor crea raíces de amargura en la persona que lo alberga, es decir, la persona que fue objeto de la injusticia relacional. A la larga termina por dañar la relación.

Cuando se produce una injustica relacional entre los cónyuges, entre padres e hijos, o entre hermanos, se genera un sufrimiento por doble partida. Por un lado sufre la persona que recibió el desmerito; y por el otro lado, sufre la persona que causó la injusticia relacional. La vida espiritual de ambos se apaga y debilita. El rencor entristece al Espíritu Santo.

El amor: El mejor antídoto contra las injusticias relacionales

La única manera de reparar las injusticias relacionales es a través de conductas amatorias. El amor es el antídoto contra el rencor. 1ra. de Corintios 13:5 nos dice que “el amor no guarda rencor”; vale decir, es contrario u opuesto al rencor. Donde hay amor no hay rencor. Por el contrario, la ausencia del amor nos deja odio, egoísmo y rencor. Como dice Erich From: “La falta de amor es la raíz de todos los problemas psicológcios”.

Una familia o comunidad eclesiástica sana es aquella en la cual prevalece el amor como norma de vida. Ahora amar no siempre es fácil. Es fácil amar cuando nos hacen bien, pero resulta difícil amar cuando nos hacen mal. Necesitamos aprender a amar. El amor es un producto costoso. Hay que trabajarlo para sostenerlo. El amor requiere dedicación, trabajo, disciplina y esfuerzo. El amor trata de compromisos, comportamientos y decisiones; no es un mero sentimiento. Definir el amor como un sentimiento, o una sensación placentera, es rebajarlo a algo superficial y meramente visceral, “algo con lo que uno se tropieza si tiene suerte”.

Principios bíblicos aplicables a las injusticias relacionales

Cuando surge una deuda de rencor a causa de una injustica relacional, hay algunos principios bíblicos que considerar para reparar la situación:

Mateo 18:15: “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y el a solas”.3La persona que sufre el agravio tiene la responsabilidad de ir hacia quien lo agravio y expresar y enfocar lo que le ha hecho. Mateo 5: 23 al 24 nos presenta similar exhortación.

Efesios 4:32:“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios os perdonó también a vosotros en Cristo”. La persona que sufre el agravio tiene el compromiso delante de Dios, de perdonar al que cometió la injustica relacional. El perdón es uno de los mayores imperativos que aparecen en la Biblia.

Consideraciones acerca del perdón:

El perdón tiene efectos terapéuticos. El perdón produce reconciliación, sanidad y liberación, tanto para la persona que recibió el agravio como para quien lo produjo.

El perdón es liberador, por el contrario, el negarle el perdón a otros, les condena a vivir en el pasado, vale decir, en la culpa y el dolor de lo que ocurrió. Cuando rehusamos perdonar producimos un doble efecto negativo. En nosotros porque nos llenamos de rencor y raíces de amargura. Alguien dijo una vez que el rencor es como la persona que se toma un veneno, pensando que le va a hacer daño a la persona que odia, pero lo cierto es que esa acción solo daña a la persona que guarda rencor; pero por otra parte, al no perdonar, mantenemos a la persona prisionera de sus errores y dejamos una sensación de culpa en la persona que necesita recibir el perdón y, en consecuencia, ser restaurado. A la larga ambos permanecen prisioneros del pasado; el que no recibe el perdón, preso en una celda, y quien se rehúsa a perdonar, atado a la celda como carcelero, asegurándose de que la persona permanezca encarcelada.

El perdón es un acto de gracia. La Biblia dice que la decisión de perdonar es una decisión que tomo independientemente de la actitud que asuma la otra persona. No es un asunto de méritos sino de gracia, lo cual no exime a la persona que agravio de arrepentirse y pedir perdón. Es un acto de gracia, tal como Dios no dio el ejemplo. “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”.

El perdón al igual que el amor no es un sentimiento, es una decisión; es un acto de la voluntad. Algunos esperan sentir una emoción favorable hacia quien lo agravió para poder perdonarle. Usted primero perdona y luego las emociones se alinearán. El perdón no es una respuesta a un acto de constricción de la persona que nos ha ofendido, tampoco tiene que ver con los méritos de esa persona. Es un decisión unilateral que parte de mí hacia la persona que me ha faltado.

Perdonar, pasar la ofensa o injustica relacional, supone amar. Ahora amar, supone conocer y tener comunión con Dios, quien es la fuente del amor (1era. Juan 4:16).

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